ISLANDIA - Fran Llano

I S L A N D I A

Cuando escuchamos la palabra Islandia, a los fotógrafos se nos vienen a la cabeza impresionantes paisajes, cascadas, luces doradas infinitas, texturas y nuestra ansiada y querida aurora boreal, entre otras cosas. Sin duda, esta tierra representa un lugar muy especial, en donde el patrimonio paisajístico representa su principal motor de atracción. En este artículo no vamos a hablar acerca de su belleza ampliamente conocida, vamos a ir a conocer un poco más en profundidad de dónde y cómo se ha formado esta belleza paisajística que es capaz de atraer y enamorar a millones de personas, muchas de ellas fotógraf@s.

    Para comenzar a entender la particularidad de estos paisajes, conviene atender al origen. La formación de Islandia, se debe mayoritariamente gracias a la conjunción de dos procesos geológicos principales, como son por un lado, la “dorsal meso-atlántica” y por otro un “punto caliente”. Las dorsales oceánicas no son más que las manifestaciones superficiales del ascenso de magma desde el manto terrestre, teniendo un carácter linear a través unos 70.000 Km de longitud a lo largo de la tierra, y constituyen la mayor parte de los límites de placas de carácter divergente de la tierra. Generalmente, estas grandes cordilleras lineales volcánicas se encuentran bajo los océanos, pero en Islandia aflora en superficie marcando el límite de placas tectónicas entre la placa Americana y la placa Euroasiática, dejándonos poder ver y tocar este límite sin ninguna dificultad (solamente podemos ver esto en superficie en Islandia y en el “Rift-Valley” del África Oriental). En este caso concretamente, la tasa media de separación entre ambos márgenes, varía dependiendo de la zona de 2 mm a 7 mm al año incluso hasta centímetros. Estas fuerzas de separación condicionan el paisaje, en gran parte de la isla, a través de grandes fracturas en las rocas, fallas de carácter normal, y que a su vez, facilitan la salida de magma a través de erupciones volcánicas fisurales (nada que ver con las que veremos más adelante). Una de las mejores zonas para ver este tipo de procesos es sin duda el parque nacional de Thingvellir, en donde es posible caminar a través de estas fallas, e incluso bucear a través de ellas en las zonas sumergidas bajo las cristalinas aguas del lago Thingvallavatn, siendo toda esta zona conocida con el término “rift-valley”, valle del rift.

    A su vez, tenemos la presencia de un punto caliente centrado en la zona del gran casquete glaciar Vatnajökull (el segundo más grande en extensión de Europa y el de mayor volumen de hielo), y que no es más que un foco fijo de ascenso de material magmático desde el lo más profundo del manto hacia la superficie. Sería a modo de ejemplo como tener una mechero encendido constantemente bajo nuestra mano, sus efectos os los podéis imaginar. Los puntos calientes son los responsables entre otras cosas de la formación de islas como Hawaii, Canarias, etc.

    De esta manera, la conjunción de estos dos factores (la dorsal y el punto caliente) genera una confluencia de calor y aporte magmático increíble bajo el suelo Islandés, provocando una zona de gran inestabilidad a través de su gran actividad volcánica y geotérmica lo largo y ancho de su superficie, y a su vez, hace de Islandia una de las zonas más jóvenes del planeta en términos geológicos.

Sulfur

    Debido a ello, Islandia posee un total de 32 sistemas volcánicos activos, y una media de una erupción cada 4-5 años. Muchos de estos sistemas volcánicos no son ni mucho menos como nos imaginamos con un volcán con su perfecta forma cónica, sino que son en muchos de los casos calderas volcánicas (grandes depresiones formadas por el colapso del edificio volcánico) soterradas bajo espesores de cientos de metros de hielo glaciar. Así nos encontramos el famoso volcán Eyjafjallajökull, su hermano mayor el Katla, el Bárðarbunga, Grímsvötn y Oraefajökull, entre otros, localizados en la parte sur de la isla.

    Justamente el hielo, es la respuesta al porqué de la gran explosividad y furia de los volcanes Islandeses. De la misma forma que una sartén recién utilizada no le gusta nada que la metas en agua fría, el choque térmico entre la lava y el agua que se forma al fundirse el hielo glaciar en la interfase volcán-glaciar, tiene una consecuencia explosiva. Este tipo de erupciones, conocidas como freatomagmáticas, tienen un poder explosivo enorme, generando nubes de ceniza que ascienden decenas de kilómetros de altura, y que son posteriormente movilizadas por los vientos predominantes hasta miles de kilómetros de distancia desde su foco central. Por otro lado, nos encontramos con una de las consecuencias directas de esta estrecha relación lava-hielo, y que tiene su efecto en este caso de manera local. Hablamos de las grandes riadas de deshielo conocidas en Islandés como Jökulhlaups. Podemos decir que es uno de los mayores riesgos geológicos de la isla, ya que son riadas altamente caudalosas y energéticas que llevan en su seno grandes bloques de hielo y roca, siendo capaces de arrasar cualquier cosa que se interponga en su camino. Quizás ahora entiendas el porqué de los puentes de “quita y pon” que se pasan a lo largo de la ring-road, así como los grandes diques de contención que se ven a lo largo de la costa sur entre Vik y Skaftafell.

    Una vez enmarcado el origen y los principales procesos geológicos que tienen lugar en Islandia, vamos a pasar a explicar la formación de algunos de los puntos fotográficos más icónicos de la isla, y que hacen la delicia de cualquier amante de la fotografía. Para entenderlo tenemos que tener en cuenta que el vulcanismo y el glaciarismo han modelado, tallado y esculpido a lo largo del tiempo los maravillosos paisajes que actualmente nosotros disfrutamos y fotografiamos. Comenzamos por un sitio que es fiel reflejo de esas fuerzas de separación que han dado lugar a la isla, y que no está muy lejos del “rift-valley” de Thingvellir, la cascada de Brúarfoss. La cascada se precipita a través de una fisura en el lecho rocoso basáltico en mitad del cauce del río glaciar Brúará, en donde el agua presenta una coloración azul muy característica, resaltando perfectamente respecto al resto del cauce. Ello es debido a varios factores, por un lado la fractura sobre el basamento rocoso basáltico de color negro, presenta una profundidad muy elevada respecto al resto del lecho del río, haciendo que la luz del sol sea reflejada de manera diferente entre ambas zonas de diferentes profundidades. A a su vez, el río transporta en su seno sedimentos glaciares de muy pequeño tamaño, harina glaciar, que provoca la absorción de unas determinadas longitudes de onda del espectro de luz visible y refleja otras que en definitiva provocan el color que nosotros vemos.

    Continuando con estos icónicos lugares, nos vamos ahora hasta la preciosa península de Snaefellsnes, en donde el hielo y el famoso volcán Snaefelljökull han modelado a sus anchas el paisaje. Allí nos encontramos con un monte un tanto particular, Kirkjufell. Esta es probablemente una de las montañas más fotografiadas del mundo, y tiene también una larga y bonita historia que contarnos. Su forma piramidal, y la variedad de escenarios que rodean a esta enclave, cascadas, reflejos, y texturas, hace que para los fotógrafos sea uno de nuestros puntos favoritos de la isla. Su particular geometría nos puede hacer pensar en un origen común al famoso monte Cervino de los Alpes, y en gran medida, en ambos casos el hielo ha tenido mucho que ver en su modelización. En este caso, Kirkjufell representa uno de los mejores ejemplos de erosión glaciar de todo Islandia, y adquirió su forma al final de la última glaciación. Durante ese tiempo, el monte se erigía entre dos glaciares diferentes, recibiendo esta estructura el nombre geomorfológico de Nunatak. La presión y erosión de estas dos lenguas glaciares sobre la montaña, dio como resultado esta forma piramidal. Además, y si nos fijamos en su estructura, podemos ver una serie de capas (una secuencia estratigráfica) que incluyen depósitos sedimentarios con fósiles marinos, diferentes capas basálticas, así como capas formadas por Hialoclastitas, dándonos información de los ambientes de formación de estas rocas a lo largo de la historia geológica.

    Llegamos ahora a otro gran ejemplo de modelado glaciar, en donde además a contribuido la meteorización por gelifracción (fracturación de la roca por el hielo-deshielo de agua en el interior de fracturas en la roca, ya que el agua aumenta de volumen al convertirse en hielo), la preciosa e imponente montaña de Lómagnúpur. Sin duda, esta montaña destaca por su verticalidad sobre una llanura inmensa, alcanzando una altitud máxima de 688 metros sobre el nivel del mar. Si la analizamos desde su base hasta la cima vemos que su parte inferior tiene unas acumulaciones de derrubios con pendientes suaves, conocidas como canchales, y no son más que el producto de las rocas fracturadas por el proceso de meteorización física anteriormente citado (gelifracción principalmente). Seguimos hacia arriba y la pared se vuelve vertical, reflejo del trabajo erosivo que los glaciares llevaron a cabo sobre sus rocas. Estos combinación de procesos a lo largo del tiempo nos han regalado un escenario increíble para disfrutar de la grandeza del paisaje en todo su esplendor.

The Wall

    Llega el turno a una de las joyas de la corona en términos fotográficos, Stokksnes y sus imponentes montañas de Vestrahorn. Desde luego, de nuevo la naturaleza ha diseñado un lugar idóneo para hacer perder la cabeza a cualquier amante de la fotografía. Dunas eólicas de arena negra, lagunas interiores con reflejos perfectos, e incluso una preciosa playa en donde jugar con la fuerza del mar, siempre teniendo a estas particulares montañas al fondo de nuestras composiciones. Su origen, tiene una historia completamente diferente al de la mayor parte de rocas volcánicas que encontramos a lo largo de la isla. En este caso hablamos de rocas plutónicas, es decir, rocas que se han formado a partir de un fundido rocoso (lava) pero en el interior de la tierra, al contrario de las lavas que se forman en la superficie. Ello hace, que la lava se enfríe mucho más lentamente que si estuviera en contacto con el aire en la superficie, permitiendo la cristalización de grandes y diferentes minerales que conformaran la roca final, en este caso una roca llamada Gabro. Digamos que son unas rocas muy similares a los granitos pero contienen minerales diferentes a ellos. Una de las propiedades que tienen estas rocas al contener esos grandes minerales conformando la roca, es su elevada resistencia a la erosión frente a rocas como pueden ser lavas, o productos formados a través de erupciones volcánicas, que son muy deleznables. Ello facilita que resalten en el terreno (junto con otros procesos que explicamos posteriormente), y que hoy en día y pesar de haberse formado bajo la superficie las veamos imponentes sobre el terreno.

    Si continuamos nuestro viaje, nos llamará la atención la abundancia de unas rocas con formas poligonales, siendo su más famoso punto de observación la preciosa playa de arena negra de Reynisfjara (Vik i Myrdal). Hablamos de los basaltos columnares, un tipo de estructura conocida como disyunciones columnares. Se tratan de unas estructuras prismáticas hexagonales (no siempre son hexágonos), asociadas a la contracción térmica por enfriamiento de una colada de lava. Esta contracción genera una serie de fracturas (diaclasas) que dar lugar a este tipo de estructuras tan llamativas.

    Otro proceso importante que se ha dejado su huella sobre la superficie de Islandia es algo conocido como Isostasia (movimientos en la vertical por diferencia de densidad), y que ha favorecido la presencia de la gran variedad de cascadas que podemos encontrar a lo largo de la costa sur Islandesa. Islandia durante la última era glaciar se encontraba totalmente cubierta por grandes masas de hielo. Eso implicaba una carga importante sobre su superficie que se reflejó en un hundimiento progresivo de la corteza sobre el manto para compensar dicho peso (recordar que a grosso modo vivimos flotando sobre el manto) . Una vez finalizada esta etapa glaciar, hace unos 100 mil años, y con el retroceso de los glaciares (en definitiva, al eliminar su carga), la superficie comenzó a levantarse hasta unos valores de 120 metros sobre el nivel del mar en determinadas zonas del sur del país. Estos movimientos verticales de compensación de densidades, han facilitado los grandes saltos que ocupan las cascadas actualmente, encontrándose rocas con fósiles marinos por encima de las actuales cascadas.

    Atendiendo ahora a una temática actual, y que esta provocando cambios en la superficie de la isla, vamos a comentar brevemente como el cambio climático esta afectando al paisaje Islandés. Por un lado, esta acelerando la desaparición de las grandes masas de hielo de la isla. Solamente pensar que el glaciar Breiðamerkurjökull, el que vemos al final de la preciosa y tantas veces fotografiada laguna de Jökulsárlón, se encontraba prácticamente tocando el mar conjuntamente con el glaciar Fjallsárlón sobre el año 1930 asusta cuanto menos. Ahora disfrutamos de ese hielo en la costa gracias los pequeños fragmentos provenientes del Breiðamerkurjökull que quedan varados en las playas de arena negra de la zona, dejándonos tocar y fotografiar restos de hielos milenarios que están a la espera de desaparecer. Y es que estamos observando a escala temporal humana procesos naturales que tendrían que tener lugar a escala geológica.

   Todo este tipo de detalles más extendidos y utilizando un laboratorio paisajístico como Islandia para explicarlos, es algo que me apasiona hacer a lo largo de los viajes fotográficos que realizo generalmente en invierno. Me gusta combinar este tipo de explicaciones de lo que vamos viendo y fotografiando para poder conocer cómo y por qué se han formado estos paisajes tan extraordinarios que disfrutamos, creando un cóctel muy atractivo para todo tipo de personas. 

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